domingo, 28 de julio de 2013

ROMUALDO PINHEIRO, EXPLORADOR

En el número 2 de Cosmogonical review correspondiente al mes de julio de 2013, una entrevista en exclusiva de nuestro corresponsal galáctico James Dragule, al explorador portugués Romualdo Pinheiro, “Romualdinho”, primer y único aventurero hasta el momento, que ha traspasado el horizonte de sucesos de un agujero negro y ha vuelto vivo para contarlo.

En su estado actual, “Romualdinho” apenas guarda alguna similitud casual con un ser humano corriente. Una banda de tela blanca con un bulto muy llamativo en medio de la frente y dos bolsas a modo de cartucheras a ambos lados de su cadera, constituyen su única vestimenta cuando me recibe desnudo en la puerta de su cabaña. Observo que carece de órganos sexuales identificables, pero me abstengo de comentarlo.
- Aunque ahora vivo como un ermitaño, sigo siendo muy pudoroso –dice, leyendo mis pensamientos.-Pero pase, pase, no se quede en la puerta.
Entro y enciendo el grabador.
- ¿Cuándo supo que lo suyo era la exploración galáctica?
- Todas las noches mi padre me leía para que me durmiera alguna aventura de Ijon Tichy, pero a mí se me abrían los ojos como platos hasta que intervenía mi madre, arrebatándole el libro de las manos y recitándome los cuentos de los hermanos Grimm hasta que me rendía el sueño.
- Volviendo a mi pregunta, ¿desde cuando supo que lo suyo era la exploración galáctica?
- Ya se lo he explicado metafóricamente. Desde niño. Ijon Tichy, Stanislaw Lem, ¿comprende?
- ¡Ah, sí!... ejem,… ¿Y su primera experiencia galáctica?
-En la misión Apolo. Me embarqué de polizón, ¿sabe?
- No, no lo sabía. ¿Y puso los pies en la luna?
-No. Me descubrió el señor Aldrin escondido en uno de los cajones de galletas, mientras esperaba el regreso de Armstrong y Collins. Cuando volvieron, el señor Armstrong propuso echarme por la borda, pero Collins y Aldrin se lo impidieron. Cuando regresé a la tierra, mi padre me dio una soberana paliza y a cambio, las autoridades de la NASA no me denunciaron.
- Pero eso no le desanimó.
- Al contrario. El gusanillo horadaba en mi cabeza cada vez más. No podían conmigo. Me metía en las naves tripuladas y no tripuladas, en las sondas espaciales. Al final todos en la Organización me conocían. “Este Romualdinho –decían- ya se ha vuelto a colar” y me tomaron cariño.
- ¿Por qué decidió meterse en un agujero negro?
- Fue una imprudencia por mi parte. La curiosidad que mató al gato y todo eso, ya sabe. Siempre he querido saber más sobre la física de los agujeros negros. Es apasionante, pero sumamente peligroso. Así que, una vez que llegué al borde mismo del horizonte de sucesos, me quise asomar un poco más, sólo un poquito más y ¡zas!
- ¿Qué sintió?
- Que había sido un imbécil por arriesgarme tanto. Más tarde noté que mi nariz se alargaba sin control y mis ojos se salían de las órbitas, por no hablar de las orejas. No fue de golpe, claro está, pero notaba que me iba desintegrando hasta no ser más que un conjunto infinito de átomos independientes.
- ¿Sin conciencia de sí mismos?
- Fue curioso. Cada átomo empezó a comportarse como una burbuja de percepción autónoma y, después cada componente atómico, cada electrón, cada quark, cada gluón. ¿Entiende?
- Ni papa, pero es igual, siga.
- ¿Eh? ¡Ah, sí!, ¿por donde iba?
- Por no sé qué de unas burbujas.
- Exactamente. Sí. Yo no era yo, claro está, sino eso, un haz infinito de percepciones. No sé expresarlo mejor.
- Ni falta que hace. ¿Y luego?
- Luego, de pronto, todos los átomos que habían sido yo salieron expulsados violentamente del agujero negro…
- ¡Ah, sí! La evaporación de Hawking.
- ¿La qué?
- Nada. Continúe.
- y empecé a recomponerme. Pero no exactamente igual al yo que había sido antes del agujero. Por ejemplo, la nariz se reintegró en la mejilla izquierda y un solo ojo donde había estado la nariz. Y así con todo.
- La verdad es que parece usted un Braque.
- ¿Usted cree? Mi marchante pretendió subastarme como un auténtico Picasso, pero los especialistas de Sotheby’s no me dieron ni el valor de un Juan Gris y nadie pujó por mi, ni siquiera la Fundación de Telefónica.

Tras despedirme del engendro en que se ha convertido Romualdinho y darme la vuelta para marcharme, siento como que me está observando con el que fue su ojo derecho y ahora se aloja en el culo. Cuando me vuelvo para corroborar mi presentimiento, él ha cerrado ya la puerta de su cabaña.

lunes, 1 de julio de 2013

BREVES JULIO 2013

MUNDO ANIMAL: Muere en extrañas circunstancias el gato de Schrödinger.

Los aullidos lastimeros de Lulú, la perrita de Pavlov, alertaron a los vecinos, quienes  avisaron a las autoridades científicas, que ya no pudieron hacer nada por salvar la vida del minino. “Tardaron casi tres horas en llegar”, afirma la señora Angustias, del 3ºC de la calle Weirstrass 327, aledaña al laboratorio del físico austríaco. “Es por culpa de los recortes en investigación –aseguró el profesor Steven Weinberg, premio Nobel de física, a requerimiento de los periodistas-. Antes había siempre un científico de guardia las veinticuatro horas del día frente al cajón del experimento. Además, había mucho tráfico”. David Wineland, galardonado también con el premio Nobel cree más bien que “el gato no soportó por más tiempo su estado de superposición cuántica y fue perdiendo sus siete vidas una a una, aunque-añadió perplejo- el fotón no había incidido en el frasco de veneno.” El profesor, veterinario, y también él premio Nobel, John Sulston, certificó “muerte por inanición” Al parecer, desde la huida de Erwin Schödinger de su patria, allá por el año 1938, nadie había dado de comer al animal. “Por no interferir en el experimento abriendo la puerta”, sentenció Daniel Chee Tsui, que, no podía ser menos, también fue premio Nobel.

Para saber más sobre el gato de Schrödinger, véase, por ejemplo:

ASTRONOMÍA: (Agencias) Un meteorito acaba con la vida del dinosaurio de Monterroso.

Un fragmento de meteorito del tamaño de un guisante de calibre medio, se llevó por delante ayer al despertar, al dinosaurio del escritor y premio Príncipe de Asturias de las Letras, Augusto Monterroso, lo que ha obligado a los editores de sus obras a cambiar el final de uno de sus más afortunados micro cuentos. “Ya no tiene la misma fuerza que con el diplodocus en la habitación”, comentó Pilar Reyes, directora de Alfaguara.

TECNOLOGÍA: Ondas de olor en Telecinco.

Personal del departamento de Investigación y desarrollo de la empresa audiovisual Telecinco, consigue imbricar un paquete de ondas odoríferas en la señal de televisión de su programa estrella, “Gran Hermano”. Por el momento sólo han conseguido resultados positivos con los olores más fuertes: sudorización, eructos y ventosidades, como ya han podido observar los televidenteolfateantes que se hayan comprado el descodificador de olores. En una próxima fase, ya muy avanzada, según los técnicos, esperan poder hacer llegar a los espectadores ondas de olor de vulva de hembra en celo y de semén eyaculado. “Todo sea por el verismo del programa”, nos dice el Jefe de la sección I+D. La ONCE ha aportado una parte sustancial del capital necesario para las investigaciones en este apasionante campo de la teletransmisión.

jueves, 27 de junio de 2013

¿ES DEMOSTRABLE LA CONJETURA DE GOLDBACH?

Pierre de Fermat, Christian Goldbach, Georg Friedrich Bernhard Riemann, Jules Henri Poincaré…, forman parte del selecto club matemático conocido como el de “Los Tocapelotas”. Para ser admitido en él, es condición necesaria y suficiente sacarse de la manga y sin que venga a cuento, un enunciado de cualquier rama de las matemáticas que tenga una apariencia muy sencilla y resulte, sin embargo, endiabladamente difícil de demostrar. Hoy hablaremos de una de las conjeturas, que así se llaman estos enunciados o proposiciones) más conocidas de la historia: se trata de una de las conjeturas (porque el muy distinguido miembro del club de Los Tocapelotas que la sacó a la luz, tiene varias en su haber) de Goldbach. Dice así:

“Todo número par mayor que dos es la suma de dos números primos”

Desde 1742, fecha aproximada de su publicación, hasta hoy, nadie ha sido capaz de demostrar una cosa tan aparentemente simplona, inane, banal como ésta y ha causado el suicidio –intelectual- de más de uno y de dos matemáticos, tanto reales como de ficción.
En los años treinta del siglo veinte, el joven lógico-matemático Kurt Gödel , demostró, que, en algunos sistemas axiomáticos formales, existían proposiciones de las que no era posible demostrar ni su verdad ni su falsedad. Se las conoce como los enunciados indecibles de Gödel y la expresión “yo no soy demostrable” se convirtió en su paradigma. Concretamente, el conjunto N de los números naturales, contiene infinitas proposiciones de este tipo. ¿Es la conjetura de Goldbach una de ellas? Muchos aficionados pensaron que, dada la imposibilidad aparente de su demostración, bien pudiera ser que, en efecto, fuera un indecible de Gödel.
Para demostrar que la conjetura de Goldbach sí es demostrable, trataremos de enunciarla dentro del cuerpo de los números complejos, C. Para ello, tomamos un espacio dominio en C, que llamaremos Cz, formado por todos los puntos de la forma
                           
zk=nk+ink (con nk un número natural mayor que 1 e i=√-1)

y otro, al que llamaremos espacio imagen Cw constituido por los puntos de la forma:

wh,j=ph+ipj (con ph y pj, números primos)

y consideramos la aplicación de Cz en Cw, dada por zk→wh,j
tal que
nk+nk=2nk=ph+pj

La conjetura de Goldbach, llevado a este terreno de los números complejos, dice que sea cual sea el nk elegido (mayor que 1), la aplicación definida previamente se cumple siempre.
Ahora resulta que, gracias a la magia de los números complejos, con esta simple equivalencia, hemos conseguido demostrar que la conjetura de Goldbach es demostrable. ¿Por qué? Porque en el conjunto de los números complejos, a diferencia del de los números naturales, por ejemplo, todo enunciado verdadero es demostrable, en el sentido de que, si la conjetura es cierta, siempre habrá un matemático que, siguiendo los pasos del tío Petros, consiga hacerlo y si, por el contrario, es falsa, podrá también demostrar dicha falsedad. En definitiva, la indecibilidad de Gödel no es aplicable al cuerpo de los números complejos. Lo de demostrar o no la conjetura en sí, es otra historia.

lunes, 17 de junio de 2013

NEUTRINOS AL GRATÉN

Para la elaboración de esta exquisita receta no se precisan conocimientos mecanico-cuánticos. Basta con seguir las instrucciones paso a paso. Para cualquier sugerencia, pueden dirigirse a nuestra sección de comentarios.

Ingredientes para cuatro personas:
- 200 gramos de neutrinos electrónicos.
- 20 gramos de neutrinos muónicos.
- 50 gramos de quarks ‘UP’
- 5 gramos de electrones de valencia
- H2O
- Quarks colorimétricos (opcional)

Preparación:
Ponga a calentar en una caldera de gran capacidad, unos miles de litros de H2O. Cuando hierva, separe el Hidrogeno del Oxígeno y llévelo a otro recipiente. Deje enfriar.
Añada a la caldera con sólo Oxígeno, los 200 gramos de neutrinos electrónicos y remueva hasta obtener una sopa espesa pero sin grumos. Deje enfriar.
Descascarille los núcleos atómicos del Hidrogeno y separe los quarks ‘UP’ de los  ’DOWN’ y de los gluones. Pese en una báscula de precisión hasta obtener los 50 gramos. En otro recipiente, coloque los electrones de valencia (máximo, 5 gramos)
En una cacerola pequeña, introduzca los 50 gramos de quarks ‘UP’ y los 20 gramos de neutrinos muónicos y llévelos a punto de fusión en un interferómetro láser. Vierta el contenido de la cacerola en la caldera de la sopa espesa de Oxígeno y neutrinos electrónicos y remueva en un acelerador de partículas hasta que se evapore. Dejar enfriar hasta que licue. Añada, a continuación, los electrones de valencia.
Justo antes de servir, espolvoree con los gluones, quarks ‘DOWN’ y neutrones que le quedaron en el recipiente del Hidrógeno y gratine en el fondo cósmico de microondas.
Puede emplatar, si lo desea, con una pequeña cantidad de quarks colorimétricos que, aunque no añaden sabor, le da un aspecto con encanto.

Recomendaciones:
No es fácil obtener neutrinos frescos, especialmente los electrónicos, en los mercados de abastos y su precio es elevado. Mi recomendación es que los obtenga directamente del fabricante, bien en la central nuclear de su entorno o acudiendo a cualquier oficina del CERN. Los que se obtienen en el mercado negro de las mafias rusas o chinas, suelen ser congelados y los desaconsejo absolutamente por su sabor agrio.

Si lo prefiere, puede comprar a buen precio quarks y electrones de valencia, así como gluones y neutrones en cualquier tienda del ramo. Le saldrá más caro pero le evitará el trabajo de descascarillar los átomos de Hidrógeno uno a uno y separar los distintos ingredientes. 

domingo, 2 de junio de 2013

ENTREVISTA A AGAPITO CIFUENTES

Una entrevista en exclusiva con Don Agapito Cifuentes, el más importante hacedor de estrellas en activo, por nuestro corresponsal más irresponsable y embustero, James Dragule.

No sé con quién me voy a encontrar al llamar al portalón de los talleres Cifuentes, en el polígono industrial de ‘Las monjas’, situado a las afueras de Torrejón de Ardoz, en la demarcación comarcal de Espanha. He oído tantas versiones y tan contradictorias sobre la fisonomía cambiante y el carácter excéntrico de Agapito Cifuentes, que, al pronto, no sé a qué carta quedarme al ser recibido por un hombrecillo de unos setenta y pico años que me observa entre pícaro y tierno tras sus gafas de nácar y cristales culo de botella. Pero mis dudas se desvanecen nada más comenzar la entrevista. No hay duda de que me hallo en presencia de un hombre humilde, que apenas concede importancia a sus descubrimientos, modesto hasta la candidez y excelente anfitrión. (lo primero que hace es invitarme a un güisqui)

JD: Empezó usted muy joven, ¿no, Don Agapito?
AC: Llámame Agapito a secas y te agradecería el tuteo. Yo soy de tuteo, ¿sabes? Mi educación cuáquera, seguramente… Pues sí, comencé, no te lo vas a creer, a los doce años recién cumplidos. Fue gracias a mi padre, que en paz descanse. Ignoro por medio de qué influencias, el caso es que consiguió que se me admitiera de aprendiz en los talleres del señor Estanislao, uno de los hombres,… no, el hombre más maravilloso… (aquí parece a punto de soltar una lágrima, pero se contiene a tiempo) que he conocido en mi vida. Él me enseñó todo lo que sé y, mucho de lo que aún no he conseguido asimilar, procede también de él.
JD: Sin embargo, por lo que tengo entendido, la idea de fabricar directamente cúmulos de estrellas, en vez de ir haciéndolas una a una, como hasta entonces, procede de usted (de ti). De hecho, se conoce como ‘la revolución Cifuentes’
AC: pero observa que, también aquí, la idea básica partió de él.
JD: ¿Ah sí?
AC: Sí. Verás, en su taller, el señor Estanislao siempre hacía hincapié en que todo, absolutamente todo, podía resultar, más bien temprano que tarde, reutilizable. Así que nunca tirábamos nada. O dicho de otro modo: en su taller no existía la palabra ‘basura’. Así, por ejemplo, cada vez que fabricábamos una estrella, nos exhortaba a guardar todos los residuos en cajas catalogadas. Los neutrones en el contenedor de neutrones, el polvillo sobrante tras el pulido de la estrella, en la caja de virutas y así con todo lo demás. El señor Estanislao era muy puntilloso en eso, lo que nos obligaba a pasarnos largas horas recogiendo del suelo y ordenando los deshechos uno a uno. Pero no fue tiempo perdido. De una de esas cajitas, la de los polvillos, saqué precisamente el material necesario para construir mi primer cúmulo galáctico. Curioso, ¿verdad?
JD: ciertamente, sí. ¿Aprendió, perdón, aprendiste mucha teoría? Algunos colegas de la competencia te acusan de falta de preparación.
AC: el señor Estanislao nos alentaba, claro está, a estudiar teoría de la relatividad y mecánica cuántica, pero, al mismo tiempo, nos advertía del peligro de tomárselas demasiado en serio. “Un exceso de formalismo matemático –nos decía- embota la creatividad”. También aprendí de él que, al poner manos a la obra para fabricar una estrella, es bueno abstraerse lo más posible de la teoría aprendida a base de codos. Yo siempre les digo, tomándolo de él, a mis aprendices: “mucho estudio y poco juego, hacen a Juan majadero”. Es que tengo un discípulo que se llama Juan que se pasa el día encima de los libros. Pero esa es otra historia… Y respecto a mis “colegas”… Verás: cada estrella o cada cúmulo, requiere su propio proceso de fabricación. Nunca verás dos estrellas o dos cúmulos iguales, no de las que salen de nuestro taller. Ellos que hagan lo que quieran Esto no es una industria. Piensen y digan lo que quieran.
JD: Esto nos lleva a mi siguiente pregunta: ¿artista o artesano?
AC: Menos industrial, lo que quieras, je, je. Yo prefiero particularmente lo de artesano. Pero va en gustos.
JD: ¿Qué opinión le (te) merece la teoría de cuerdas? ¿La ves viable?
AC: Para la fabricación de estrellas, sí. De hecho la teoría de cuerdas es muy anterior a su formulación metamatemática actual. ¿No habéis oído hablar los jóvenes de la ‘armonía de las esferas’?
JD: Mi pregunta iba un poco más lejos. ¿Crees realmente en la existencia de dimensiones extra?
AC: En nuestra modestia, los hacedores de estrellas siempre hemos sabido de la existencia de más de cuatro dimensiones. Para ninguno de nosotros es un secreto que hay entre tres y seis dimensiones espaciales y entre dos y cuatro temporales. El error estriba en considerar solamente una inflación de dimensiones espaciales. No importa, ya lo corregirán.

Agapito Cifuentes desmelenado y sin gafas trabajando en su taller.
Instantanea cortesía de Concepción Candelas.

JD: Pasando a otra cuestión: ¿es cierto que te negaste a construir un agujero negro para el Ministerio de la Guerra?
AC: Totalmente cierto. Oye, ¿tu sabes mucho, no? (risas).
JD: ¿Y cómo es la anécdota?
AC: No fue divertido. Hubo muchas presiones. Estábamos en guerra, ¿sabes? Todo el mundo andaba como loco buscando el arma definitiva con que aniquilar al contrario. Cuando nos negamos –y hablo en plural porque desde el primero hasta el último en el taller sabía lo peligroso que podía llegar a ser aquella arma potencialmente letal para toda la humanidad y todos votamos No en asamblea- a construir el butrón, nos quisieron acusar de alta traición y connivencia con el enemigo. Al final se limitaron a cortarnos el grifo del material y estuvimos a punto de tener que cerrar el garito.
JD: Pero no cerró.
AC: ¡Claro que no! Son las casualidades de la vida, o, como decía el señor Estanislao, “cuando la diosa Fortuna pase a tu lado, agárrate a ella y déjate llevar”. Fueron las restricciones de material, precisamente, las que obligaron a sacar los residuos de las cajas y en una de estas, ¡¡zas!! Los cúmulos. Algo parecido a lo que nos está sucediendo ahora, con la crisis mundial. Nos hemos visto obligados a fabricar estrellas de tres dimensiones espaciales y tres temporales. Pero esa restricción nos ha permitido hacer cúmulos mucho más compactos y de mayor duración. Vivir para ver. Pero estoy hablando demasiado y tú con el vaso vacío. ¿Quieres otro güisqui?
JD: Bueno.